Cuando se da un corte transversal al tallo
joven del Ramio, se presenta primero la epidermis, con paredes externas muy
gruesas y numerosos pelos unicelulares. La epidermis desaparece cuando los
vástagos están maduros, y es reemplazada por la peridermis, formada por 4 a 6
capas de células secas; debajo de la peridermis existe una zona continua de
colénquima, seguida por otra de parénquima, que contiene muchos cristales y
granos de almidón.
Esta capa, de 3 a 5 células de espesor,
rodea al cilindro de fibras, formado a su vez por células poligonales, de
paredes muy gruesas, cuya longitud de 10 a 25 mm, es mucho mayor que las otras
fibras.
De acuerdo a la edad de la planta, existen
de 3 a 6 filas de células en el cilindro el cual no es sólido, sino que está
interrumpido irregularmente por masas de parénquima, donde se encuentra los
demás tejidos del floema.
La parte central del tallo está ocupado por
la madera o xilema y por una médula muy desarrollada. El tejido de parénquima
que rodea la zona de fibras contiene gomas que se pegan fuertemente a las
paredes de éstas; para removerlas y dejar limpia la fibra, es necesario
someterla a un proceso de lavado mecánico o químico, que resultan muy costosos y
delicados.
Cuando los tallos son cortados durante el
período de crecimiento, surgen brotes que producen nuevos tallos, lo cual
permite realizar dos o tres cortes al año, y hasta cuatro cuando las condiciones
son excepcionalmente favorables.
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